viernes 5 de febrero de 2010

Torres de humo





Cubrid mi cuerpo
que mi alma vaga.
Entre cenizas se esparce
y en pequeños grumos
encandilados
clama
la esfumada presencia.

Cubrid mi cuerpo.

Entre humo y fuego
se eleva la estela.

Centella fulgurante
su luz invade
enceguece
escapa
fluctúa
se eleva.


Rápido cubrid mi cuerpo
que mi alma vaga.





Centella


¿Qué miras mi pequeño?
Miro el cielo oscuro
cubierto de pecas brillantes.
Las pecas de mi abuela
no brillan lo mismo.

Esas son estrellas mi pequeño
que tienen vida propia
¿Y por qué se apagan en la abuela?
Porque no pueden competir
con el brillo de sus ojos.

Madre, mira ahora la luna
tiene ojos y una boca sonriente
Mira, mira, se mueve
Y ahora parece que baila.

Pequeño, al mirarla fijo
tus ojos ven fantasías.

¿Y por qué me sonríe
sólo a mí?
¡Quiero que me la alcances
quiero llevarla conmigo!

Ay! Pequeño, cómo explicar
lo lejano que está ese mundo
y lo limitado que es el nuestro
No te enfurruñes pequeño
de grande lo entenderás
Madre ¿y si no llego a grande
nunca lo sabré?


Hoy, mientras escribo
Tiembla la hoja
El lápiz se resbala.
Las palabras no logran ordenarse






Mi ser




Quieres conocer mi plaza?
de pájaros flores y plantas
enredaderas naturales
inundan el espacio

Quieres conocer mi pueblo?
de estruendo y vorágine
cantos risas fusión
demarcan el camino

Quieres conocer mi sueño?
de silencios y luces
implantados sentimientos
palpitan el alma

Quieres conocer mi vida?
El vigor de la palabra
enquistada en el papel
humilla lesiona incentiva
apabulla buscando coherencia
pasma hilvanando ideas.


Debo justificar lo que me hiere
Quiero ser poeta.







Ayer



Recogió algunos frutos caídos del árbol. Se apoyó en él y lo rodeó en un abrazo como esperando que le transmitiera su fuerza, su energía.
Se sentó al borde del cantero disfrutando del paisaje, enternecida, subyugada.
Había salido a percibir los últimos reflejos del sol. Paseó entre las flores, absorbiendo su perfume, acariciando el sedoso raso de sus pétalos.

Ya los últimos rayos del sol se alejaban. Algunas sombras se
incrustaban en el entorno. El atardecer imponía decidido sus
colores dorados. La imagen cambió como en un sueño.

Entonces la llamaron. Ya debía partir. Le contó al huerto que
ya no lo vería más, pero que nunca lo olvidaría.
Otra gente ocuparía su lugar. Otra gente pasearía por su jardín,
tomaría posesión de sus cosas. No tuvo alternativa.
Desde el marco de la puerta, juntó sus dedos sobre los labios
y extendió sus manos, en un beso de adiós.




Esperanza



¿cuándo va el agua al río?
¿cuándo va el río al mar?
¿cuándo el mar se diluye en océano?
¿cuándo el espejo que nos cubre
reverdece con reflejos
la emoción de nuestra alma?


Cuando la balanza se inclina
el sueño irrumpe


Pájaros alados envían señales
Ensordece la estridencia
de alas mojadas


Nada es cierto
Todo es vigilia



Quisiera poder nadar
mecida por las olas
y en torbellino trocar
ese mañana lejano

Nada es cierto
Todo es vigilia

Dilucidar



Contando las estrellas
no alcanza el cielo
luciérnagas pequeñas
titilan y se esfuman


Brillan desvanecen
quiebran las tinieblas
embeben los ojos
más adormecidos


Calan la visión
Cuencas vacías
acaparando sueños
enumerando astros


Idílica noche
tachonada de luces
cubren como manto
esos puntos fugaces


Silencio que abruma
Soledad impuesta
Poeta, no cuentes luceros
Poeta, no cantes la lluvia
debes hacer llover

Declive




Copos de nieve
caen impetuosos
sobre ti
tus ojos
tu frente
tu pelo


Diáfana aurea
estrella reluciente
en pequeña gota
florece
en ti
en tu rostro
en tu atuendo




Suave vaporosa
como nimbo
te rodea
simulando aves
de alas extendidas
Pureza alba
guiando tus pies
en el ajetreado surco


Tus manos
se cierran vacías
tratando de alcanzar
lo etéreo
lo níveo
el escurridizo ayer


Te sumerges
en el esponjoso suelo
El rostro al viento
Las manos en cruz
Teñido de blanco
el cabello
las cejas
los labios



Ciega
el blanco fragor
pero tú irradias
como hálito invisible
con tu blanca ropa
de invierno
El calor de la ilusión